El lanzamiento de SpaceX que sorprendió a California o cómo se forman las estelas de los cohetes

El 23 de diciembre de 2017 la empresa SpaceX lanzó un cohete Falcon 9 v1.2 desde Vandenberg en una misión comercial. El lanzamiento no habría llamado la atención de los medios de no ser por el espectáculo de luces que creó en el horizonte de la costa oeste de EEUU y México. Una estela blanquecina que ascendía por el cielo y se iba ensanchando como por arte de magia. Claramente no era un avión —ni tampoco un pájaro o Supermán—, pero la mayoría de testigos desconocía que estaban ante el lanzamiento de un cohete. ¿Por qué esa forma tan rara?

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Antes de nada, conviene recordar que estas estelas son relativamente comunes y cada cierto tiempo se producen miles de «avistamientos OVNI» por culpa de ellas. Lo que pasa es que los testigos de cada caso suelen ser distintos y estar repartidos por todo el globo… y además corren tiempos donde nadie parece tener memoria a largo plazo más allá del último meme de moda. En realidad, y simplificando, la forma de la estela solo depende de tres factores: condiciones de iluminación, presión atmosférica y, si nos fijamos de cerca, tipo de propergoles empleados.

 

Otra vista de la estela del Falcon 9 (businessinsider.com).

Los lanzamientos diurnos son más o menos visibles dependiendo de la estela, que a su vez depende de que sustancias queman los motores. Los cohetes de combustible sólido dejan una estela muy satisfactoria visible como una sólida columna de humo a decenas de kilómetros a la redonda. Precisamente este era uno de los encantos de los despegues del desaparecido transbordador espacial. Los cohetes de combustible líquido pueden ser hipergólicos (queman hidrazina y tetróxido de dinitrógeno o alguna variante de los mismos), de kerolox (queroseno y oxígeno líquido) o criogénicos (hidrógeno y oxígeno líquidos). El producto de la combustión de los motores hipergólicos es agua y nitrógeno, dióxido de carbono y agua para los motores de kerolox y solo agua para los motores criogénicos. Sin embargo, un punto que no se suele tocar en los libros de introducción al tema es que los cohetes no usan una proporción estequiométrica de reactivos, sino que queman más combustible u oxidante del que deberían (por lo general los motores suelen quemar siempre mezclas ricas en combustible).

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